La casa de Dodera: caso real
Conseguir un techo propio para la gente joven cada vez es más complicado. Quizás a largo plazo pueda ser una meta, pero lo cierto es que, económicamente hablando, no es algo que pueda lograrse con rapidez. Debido a esto, el alquiler de apartamentos termina resultando la mejor opción para quienes comienzan a independizarse. Muchos logran encontrar el apartamento que se ajusta a sus necesidades y pueden permanecer años allí. Otros, sin embargo, recurren a la mudanza cada cierto período.
El mudarse puede parecer una acción tan cotidiana y corriente, y dado que la mayoría de las personas optan por esta opción, no existe nada peculiar en hacerlo. Sin embargo, existen excepcionales casos, en los que una inocente mudanza puede terminar en algo inesperado, e incluso aterrador.
Este fue el caso de una de mis hermanas y su pareja hace unos años atrás, cuando cada cierto período de tiempo se mudaban a diferentes apartamentos, con el fin de encontrar el más óptimo. Más no contaban con que uno de sus destinos iban a tener inquilinos un tanto especiales conviviendo con ellos...
La casa se encontraba en una esquina sobre la transitada calle "Dodera", en la ciudad de Maldonado. A simple vista parecía que no tenía nada que diera señales ni advertencias, sino que lucía como una clásica casa familiar, amplia y con varias habitaciones. Aunque cabe destacar que, si había algo que llamaba la atención, era el intenso frío que se sentía estando dentro. Pero eso era posible de justificar dado que era una casa un tanto vieja, y estas siempre suelen ser frías por sus altos techos y los materiales con los que se construyeron.
Cuando habían finalizado la mudanza, mi hermana y mi cuñado decidieron organizar una fiesta de inauguración, a la cual concurrimos los parientes más cercanos. Esa noche, en mi intensa curiosidad por ver todas las habitaciones, emprendí mi camino, sola, por el largo pasillo que las contenía. Pero algo estaba mal... mientras más avanzaba, más comenzaba a sentir un miedo repentino, que aumentaba paso a paso. Realmente sentía que alguien me observaba a pesar de que solo estaba yo ahí.
Cuando llegué al final del pasillo, que era donde se encontraba el dormitorio, sin siquiera pensarlo, eché a correr para salir de esa zona de la casa. No quería estar ahí. El sentimiento de pavor inexplicable fue como un repelente, pues salí corriendo hasta que salí del pasillo, y choqué con mi hermana que iba pasando en ese momento. Ella me pregunto que qué me ocurría, a lo que yo, teniendo un poco de pena y considerando que no era el momento indicado para decirlo, respondí que nada.
La noche siguió tranquila y alegre, con música y comida como en toda reunión familiar. Sin embargo esa experiencia que tuve sería la primera de muchas...
Un día conversando con mi hermana, cuando ella ya era consciente de lo que había sentido en mi primera visita a su casa, me comentó que también tuvo una experiencia bastante extraña: se encontraba sola en unas de las habitaciones del largo pasillo, en la cual tenían la TV y un sofá. Estaba con la puerta cerrada debido a que hacía frío ese día (la casa ya era bastante fría de por sí), y tenía la calefacción prendida. En ese momento me contó que, mientras miraba una serie tranquilamente, comenzó a sentir que la puerta de esa habitación era golpeada agresivamente desde afuera.
Los golpes eran tan fuertes, que parecía como si alguien estuviese pateando la puerta desde el pasillo. Por un momento pensó que podría ser alguna corriente de aire, pero dado que toda la casa estaba cerrada y la magnitud de los golpes era tan grande, no pudo evitar espantarse. Estuvo a punto de tomar a sus mascotas e irse debido al terror que sintió, pero, de repente, todo cesó y volvió a estar en silencio.
Otra de las anécdotas más fuertes que presencié personalmente, junto a una compañera de estudios, tuvo lugar una tarde cuando salimos de estudiar. El instituto donde concurríamos quedaba a casi tres cuadras de la casa, por lo que, cuando mi hermana y cuñado se iban de viaje, me tocaba ir a cuidar de sus mascotas. El perro, en esa ocasión, lo habían dejado en una guardería, pero la gata se encontraba en el dormitorio de la casa, al final del pasillo.
Una vez dentro de la casa, mi compañera se paró al inicio del pasillo y no avanzó. Yo había pensado que era por vergüenza a adentrarse tanto en una casa ajena, así que no presté mucha atención a eso y me encaminé hacia la habitación. Extrañamente, tuve la sensación de que dentro del cuarto había alguien. La sensación fue muy fuerte, porque hasta llegué a pensar que mi hermana había vuelto del viaje, pero no era posible. Y efectivamente no lo era; en la habitación solo se encontraba la gata. Ignoré totalmente ese presentimiento para no asustarme más, debido a que ya conocía la mala reputación de la casa. Pero, al volver con mi compañera se me erizó la piel, pues ella inmediatamente me dijo: "sentí que había alguien en la habitación".
Quedamos heladas.
Ambas habíamos sentido lo mismo, sin siquiera habérnoslo dicho la una a la otra. Es imposible explicar la rapidez con la que nos fuimos de la casa ese día, pero más imposible era considerar pasar un momento más ahí dentro.
Podría terminar la historia aquí, pero guardé para el final un elemento fundamental que añade el toque más perturbador al asunto, o quizás no, depende de cuántas películas de terror hayas visto. Resulta que en el techo del pasillo había una pequeña puerta de madera, la cual daba a una especie de muy estrecho altillo. La curiosidad por saber que había ahí les ganó. Cuando hacía poco que se habían mudado, mi cuñado logró abrir la puerta, para encontrarse, quizás, con la respuesta a todos los acontecimientos paranormales de esa casa: dentro de esa especie de altillo se hallaba, por algún motivo, una solitaria muñeca de trapo...
Confieso que, si bien me quedé en la casa varias veces a dormir por varios días, no experimenté ninguna otra experiencia fuerte por mucho tiempo. Más la sensación de no estar nunca sola era constante... Mi hermana y su pareja aún cuentan que los ruidos raros, y sin explicación, eran muy comunes de vez en cuando.
¿Ustedes qué opinan?
¿Se trataba de una casa en verdad embrujada, o solo fueron coincidencias e imaginación? ¡Comenten debajo sus ideas!

Tirar la muñeca o dejarla por miedo a que sea aún peor 🤔
ResponderEliminarEs una gran duda 👀
EliminarLa dejamos quietita la muñeca 🤪
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