La mañana más inexplicable: caso real
Estamos acostumbrados a vivir en una rutina, cuya constancia y estructura fija nos termina haciendo actuar en modo automático. Por eso se dice que es bueno tratar de "romper con la rutina" con cosas nuevas, que nos sacudan un poco la realidad y nos refresquen. Pero... ¿qué pasaría si esa novedad, que nos hace traer los cables a tierra de nuevo, resulta ser un suceso totalmente aterrador?
El día de hoy vengo a compartir una anécdota real, más no personal como han sido las anteriores, sino de un contacto que tengo en mis redes hace años. Su nombre es Maximiliano Gallarza, y se acercó hace unos días para relatarme lo que describe como "la mañana más inexplicable". A diferencia de mí, esta persona es completamente escéptica y siempre trata de encontrar un motivo razonable para los sucesos extraños que pasan en la vida. Sin embargo, lo que vivió aquella mañana, hasta el día de hoy no le ha podido encontrar un sentido lógico...
Maximiliano se había despertado una mañana como cualquier otra, para ir a trabajar como guardia de seguridad del complejo de viviendas en el que vivía. Eran las seis de la mañana, por lo que todavía estaba todo oscuro afuera, y adentro del apartamento. Todos sabemos que madrugar no es tarea fácil, el sueño sigue persistiendo por un largo rato luego de habernos despertado, y esto puede hacernos "ver cosas". O al menos así lo prefirió interpretar él cuando, mientras iba caminando por el pasillo de su apartamento hacia la cocina, vio en el piso una sombra negra inmóvil.
Lo primero que pensó fue que se trataba de su campera que se encontraba en el suelo, era de las únicas explicaciones posibles. Así que se volteó para encender la luz y confirmarlo. Más no contaba con la sorpresa que se llevaría al volverse y descubrir que, en ese lugar donde había visto esa mancha oscura, no había absolutamente nada...
Luego de ese evento que lo ayudó a terminar de espabilar, Maximiliano salió del apartamento, y emprendió su camino para salir del edificio. Yendo por el pasillo notó algo peculiar, pues, por algún motivo, el ascensor se encontraba ahí y generalmente no solía ser así, ya que vivía en el primer piso. La gente de su piso solía no llamarlo, dado que utilizaban las escaleras porque el camino era relativamente corto. Más nuevamente ignoró este suceso, pues perfectamente podría tener una explicación razonable y humana.
Finalmente llegó a la escalera y comenzó a bajar paso a paso. Tras decender un par de escalones vio que, en el espacio que hay para detenerse entre las escaleras, se encontraba una señora mayor, mirando hacia el exterior por la ventana. Él cuenta que esa señora solía estar ahí a menudo, así que simplemente hizo lo que todos haríamos: saludarla y continuar. La gente mayor suele apreciar y responder a estas muestras de educación y respeto, pues son valores que han aprendido y mantenido desde su infancia. Sin embargo, la señora hizo caso omiso al saludo, como si nadie le hubiese dirigido la palabra, como si no pudiera oírlo...
Luego de esos momentos fuera de lo común, el resto de la mañana transcurrió normal para Maximiliano. No obstante, ese día el destino aún no tenía planeado darle tregua.
Era el mediodía cuando un auto se acercó a preguntar por la ubicación de la torre "AA", que, casualmente, resultaba ser la misma en la que él vivía, por lo que no tuvo problemas para explicarle al chofer. Pero no pudo evitar sentir una extraña sensación en su pecho cuando se dio cuenta de que ese auto no era uno común y corriente, sino que se trataba de una carroza fúnebre.
La historia podría haber terminado aquí y pasar al recuerdo como una serie de acontecimientos raros, pero aislados, ¿no? Sin embargo, esta historia tiene un remate que termina de conectar los hilos y no deja, para nada, un final abierto, pues, a la mañana siguiente, se encontró con una hoja que comunicaba el fallecimiento y funeral de alguien. Esa persona era, nada más, ni nada menos, que la señora que había visto la mañana anterior, parada en medio de las escaleras. Podría ser que hubiera fallecido horas después de que Maximiliano la cruzara en la escalera, esa sería la respuesta más obvia y tranquilizadora, de no ser por que en el papel anunciaban que la señora había muerto el domingo, y él la vio el martes posterior a esa fecha...
Realmente la realidad, en ocasiones, supera la ficción y no hay manera de encontrar una explicación a estos sucesos que escapan de lo lógico. Cuando me contó esta historia quedé sin palabras, probablemente igual que ustedes luego de leerla. Cuéntenme acá abajo qué les ha parecido esta anécdota, o si han vivido alguna similar con personas recién fallecidas.
Buenas noches a todos.

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